"La mayoría de la gente parte de la base de que harán algo y de que todo irá bien.Por contra, tú partes de la certidumbre de que fracasarás o de que tendrás que hacer algo estelar, lo cual implica en sí mismo la posibilidad de fracasar. Cuando era pequeña creía que los demás esperaban dos cosas de mí: que fuera genial en algo o que me volviera loca y fracasara por completo.No existe término medio en el lugar del que procedo; y es ahora cuando empiezo a entrever que existen términos medios en general.
Me vi obligada a decidir que, sucediera lo que sucediera, todo iría bien.Fue la decisión más difícil que he tomado en mi vida, la decisión de protegerme a toda costa. Durante toda mi vida me he vuelto contra mí misma en cuanto algo iba mal, por insignificante que fuera.Se trata de un hábito frecuente entre las mujeres.En el caso de quienes sólo vemos blanco y negro, sin matices, parece que sólo existen dos alternativas. O bien machacas al mundo y te tildas de infinitamente histérica,histriónica, inestable y defectuosa en general, o bien te machacas a ti misma. En el caso de los trastornos de la alimentación, machacarte a ti misma recibe por desgracia una recompensa (temporal) del mundo y por tanto resulta muy tentador. Pero la cosa no tarda en irse al garete.
Mi salto al vacío fue más bien una reacción negativa ante la idea de desperdiciar mi vida que una carrera positiva y jubilosa hacia el mundo exterior.Aún ahora contemplo el mundo con cautela,pero no creo estar desperdiciando mi vida.
Existe un factor complicado al decidir dar por terminado el juego: se trata de que la mayoría de las mujeres juegan a él con mayor o menor grado de intensidad; dichos grados tienen a su vez subgrados de peligro que no se ciñen a las estadísticas de mortalidad.Por lo general, las personas afectadas no se hablan. No suelen forman una fraternidad en la que todo transcurre con la mayor compañerismo, sino que por lo general van cada una a la suya. Y cuando decides que te has hartado de estar sola con tu enfermedad, sales en busca de amigas,personas que en tu opinión puedan enseñarte a comer..., y es entonces cuando descubres que casi todas las mujeres están obsesionadas con su peso.Es un poco desalentador.
A posteriori se me ocurren muchísimos trucos mediante los cuales podrían haber evitado caer en las garras del trastorno y por tanto del viaje increíblemente extraño por los confines más tenebrosos de la mente humana, en los que se ha desarrollado la mayor parte de mi vida.Por ejemplo, si hubiera nacido en otra época en la que matarse de hambre no constituyera un modo tan evidente y rentable(¡Vaya, has adelgazado muchísimo!¡Estás guapísima!)de afrontar el mundo, de evitar el dolor inevitable de la vida; si hubiera sido una persona distinta tal vez menos impresionable,menos intensa, menos temerosa, menos dependiente de las percepciones de los demás,tal vez entonces no me habría tragado la treta cultural de que la delgadez es el objetivo último de todas.Quizás si mi familia no hubiera estado sumida en el caos total, si a mis padres se les hubiera dado un poco mejor afrontar sus propias vidas,si hubiera buscado ayuda antes, si hubiera recibido un tipo de ayuda diferente, si no hubiera guardado tan celosamente mi secreto, si no fuera una embustera tan consumada,si no estuviera tan vacía por dentro, si no,si no,si no......
Pero todo esto no es más que literatura. A veces,las cosas se tuercen sin más. Y cuando después de quince años de festines,vómitos,hambre,agujas,tubos,terror,rabia,crisis médicas,fracasos personales y pérdida tras pérdida, cuando después de todo eso te das cuenta de que tienes veintitantos años y te hallas ante una esperanza de vida muy abreviada y el trastorno de la alimentación aún te ocupa la mitad del cuerpo y del cerebro con su fuerza destructiva, cuando te has pasado casi toda la vida enferma,cuando todavía no sabes qué significa estar "bien" o ser "normal", cuando dudas de que esas palabras encierren aún algún significado, entonces te das cuenta de que no tienes respuestas para nada. Morirás joven y no tienes forma de conseguir que ese hecho adquiera sentido.
Lo que tienes es esto: estás delgada.
Vaya, vaya, vaya.
Para cuando decides arrojar las cartas sobre la mesa,apartar la silla y retirarte de la partida, te enfrentas a un momento muy solitario.Las mujeres usan su obsesión con el peso y la comida como punto de conexión entre ellas, como denominador común entre desconocidas. En lugar de hablar de la razón por la que utilizamos la comida y el control del peso como medio para afrontar el estrés emocional, hablamos hasta la saciedad del hecho de que detestamos nuestros cuerpos. Cuando decides dejar de hacer eso, empiezas a reparar en la ubicuidad de este tema. Voy al gimnasio y observo a mujeres en ropa interior despotricando contra sus barrigas. Voy al restaurante y escucho a las mujeres hablar alegremente de su última dieta. Voy a una tienda de ropa, y la dependiente lanza una perorata interminable sobre lo mucho que estilizan estos pantalones, sobre la suerte que tengo de no encontrar nunca ropa que me siente bien, porque¡soy tan menuda! Tengo que recordarme que no quiero entablar esta clase de conversación, de modo que no le agradezco el comentario.No quiero necesariamente unos pantalones que estilicen, no quiero parecerme a las modelos esqueléticas que aparecen en los pósters de la pared, pero lo cierto es que apostar por la salud se considera algo extrañísimo.
Bueno pues soy extraña¿Y qué?
Me gustaría extender una receta para la cultura, una especie de tranquilizante que mitigue su impulso frenético de pedalear en la bicicleta estática sin rumbo alguno, pero no puedo hacerlo.Se trata de proyectos individuales. Yo lo hago, tú lo haces, y albergo la esperanza quizás absurda de que si lo hacen suficientes personas tal vez a todos nos irán mejor las cosas.Me gustaría escribir una columna con pequeñas gráficas en las que la salud quede dividida en porciones estadísticas que muestren porcentajes necesarios de terapia, comida,libros, baños, trabajo, sueño, lágrimas, rabietas, intentos y errores, pero no puedo hacerlo. Esta imposibilidad me enloquece. Si tuviera que describir el recorrido entre los puntos A y B, me vería obligada a narrar un viaje convulso, errático y casi ciego por un campo de zarzales.Deambular en círculos,tropezar con numerosas conejeras, caer una y otra vez aullar de rabia....Pero siempre llegar,e a la conclusión de que mi viaje es sólo mío.Cada viaje será distinto.Tú evitarás hoyos con los que yo he tropezado y caerás en arenas movedizas que yo evité.
No es un salto repentino de la enfermedad a la salud, sino un meandro lento y extraño que va de la enfermedad a algo parecido a la salud.De nada sirve la concepción errónea de que los trastornos de la alimentación son una enfermedad médica en el sentido tradicional del término.No existe ningún "remedio". Ninguna píldora te curará, si bien puede ayudar. Lo mismo se aplica a la terapia, la comida, el apoyo infinito de familiares y amigos...Eres tú misma quien te cura.Es lo más difícil que he hecho en mi vida, e intentarlo me ha dado fuerzas.Muchas fuerzas.[...]"
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