"[...]No debemos subestimar jamás el poder del deseo.Si deseas vivir con suficiente intensidad,puedes vivir.La pregunta del millón, al menos en mi caso, era:¿cómo decido que quiero vivir?
Se trata de una cuestión que aún no he resuelto.Concedí a la vida un periodo de prueba de seis meses y me dije que cuando transcurrieran esos seis meses podía volver a ponerme enferma si así lo deseaba. En aquellos seis meses sucedieron tantas cosas que la muerte me parecía, cuanto menos, un estorbo. Prorrogué el período de prueba. Hay muchas cosas que hacer, libros que escribir, siestas que echar, películas que ve, huevos revueltos que comer. La vida es trivial en esencia. O bien decides que asumes la vulgar tarea de vivir y te concedes la opción de hacer algo genial. o bien te decantas por la gran Película Épica de los trastornos de la alimentación y dedicas tu vida a ser trivial en serio. Yo me debato entre ambas cosas, un poco de épica por aquí y otro poco de trivialidades geniales por allá. A medida que transcurre el tiempo me van gustando cada vez más las trivialidades y menos la gran Película Épica. Buena señal...,pero, aun así, cada mañana tengo que pensar en una puta razón para vivir.
Es evidente que se me ha ocurrido algo al respecto.
Este libro no tiene final feliz.Supongo que podría acabar en boda (Antigua Anoréxica Pesca Marido; Antigua Bulímica Salvada del Desgarro Gástrico por un Bonito Vestido Blanco), pero sería absurdo. Podría terminar con la sólida relación que mantengo con mis padres,pero no me parece demasiado relevante.No puedo acabar con mi Triunfo Sobre la Adversidad, porque 1) aún estoy lejos del Triunfo y 2) la Adversidad era...esto..., yo misma. Tampoco puedo acabar con una salud excelente ni un peso estable porque ninguna de las dos cosas existe.No puedo resumir la historia y afirmar que todo ha terminado y que viviremos felices comiendo perdices.
No termina nunca,la verdad es que no. No cuando has pasado tanto tiempo allá abajo como yo, cuando has vivido en el mundo subterráneo más tiempo que en el material, cuando las cosas son brillantes, enormes y hacen ruidos extraños.Nunca regresas del todo. Siempre queda una distancia entre tú, las personas a las que amas y las personas a las que conoces, una barrera delgada como el vidrio de un espejo. Nunca acabas de salir del espejo; te pasas el resto de tu vida con un pie en este mundo y el otro en el lado opuesto, donde todo está boca abajo y es muy triste.
Es la distancia de una memoria desfigurada, de un pasado distorsionado que va cambiando de forma. Cuando la gente habla de su infancia, adolescencia o época universitaria, me río con ellos e intento no pensar: era entonces cuando vomitaba en el lavabo de la escuela primaria, cuando me acostaba con
desconocidos para exhibir las puntas afiladas de mis huesos, cuando perdí de vista mi alma y morí.
Y también es la distancia del presente, la distancia que media entre las personas a causa de las distintas vidas que hemos llevado. No sé quién sería de lo haber llevado la vida que he llevado, y por tanto no puedo alterar mi necesidad de guardar las distancias, al igual que no puedo mitigar el dolor sordo y omnipresente que me producen dichas distancias. La totalidad de mi vida se ve ensombrecida por una obsesión casi fatal. Ahora intento por todos los medios resarcirme por una vida de tristeza y locura, por el baile lento que he bailado con la muerte. Cuando salgo de casa, me pongo una expresión, un disfraz y una sonrisa; gesticulo, hablo animadamente, soy muy abierta y doy la impresión de haber vencido a mis demonios con gran aplomo.
Tal vez sea verdad hasta cierto punto, pero con frecuencia me acomete la sensación de que ellos me han vencido a mí.Sólo tengo veintitrés años, pero me siento vieja.
Me sigue fascinando la muerte. No me he convertido en una persona mucho menos intensa. No he perdido no llegaré a perder por completo el deseo de ese algo, esa cosa que llenará el vacío que se abre en mi interior. Estoy convencida de que me hice a mí misma.
Pero hasta cierto punto, ese punto que me mantiene viva, comiendo y arreglándomelas, he aprendido a comprender aquel vacío en lugar de temerlo, combatirlo y persistir en el intento vano de llenarlo.Es ese punto el que me permite levantarme por las mañanas y acostarme por las noches. A veces se hace más grande y a veces se empequeñece; a veces incluso olvido que existe. Algunos días no pienso mucho en lo que peso. Algunos días veo bien, me miro al espejo y me veo como soy, una mujer en lugar de un trozo de carne indeseado y siempre rayano en el exceso.
Éstas son las estrafalarias postrimerías, un tiempo en el que no todo ha terminado, pero en el que has conseguido salir.Sigues dudando; cuesta comprender, cuando estás sentada en la silla, desayunando o lo que sea, que salir es más fuerte que aferrarte a la enfermedad, que "dejarte llevar" podría significar que has alcanzado el éxito, no que has fracasado. Te comes los malditos cereales y te peleas con la zorra que llevas dentro, que no para de decirte que eres gorda y débil. Cállate, le replicas, estoy ocupada, déjame en paz.Cuando por fin te deja en paz, se hace el silencio y se apodera de ti una soledad a la que te costará acostumbrarte.En ocasiones la echarás de menos.
No olvides jamás que intenta matarte; no olvides jamás que tienes una vida que vivir. Experimentas unas pérdida tremenda, un dolor sobrecogedor, pero llega un momento, después de largo tiempo y de muchos más esfuerzos de los que habrías imaginado posibles, en que la cosa se torna más fácil.
Es la Hora de la Iniciativa...
Recordaos,si queda alguien,
Como personas Heladas,rememorando la Nieve...
Primero...Frío...luego Estupor...y dejarse llevar por fin...
Emily Dickinson
Dejarse llevar, por fin."